De
muros, lutos y otras reflexiones
¡Se nos
bajaron el muro! dijeron
múltiples voces de la comunidad universitaria tras ver el ingreso arrollador de
la tanqueta del ESMAD por la “entrada” de la Cra. 11; algunas de estas voces
presentes en la escena misma y otras que fueron testigo gracias a las lamentables imágenes que circulaban por
los medios virtuales.
El pasado jueves 22 de agosto de 2013, tras varios días de
enfrentamiento, se presentaron de nuevo fuertes choques entre estudiantes y
escuadrones del ESMAD en las inmediaciones de la Universidad Pedagógica
Nacional (UPN), enfrentamientos que se dan en el marco del Paro agrario, nacional y popular, y en apoyo a este mismo por parte
de estudiantes de la UPN. En esta oportunidad resalta el lamentable hecho de la
destrucción del muro de la Universidad ubicado en la Cra. 11 por parte de la
tanqueta del ESMAD.
Como era de esperarse las reacciones no se demoraron mucho en aparecer,
reacciones divergentes por parte de diversos miembros de la comunidad
universitaria que ante lo acontecido dejaron ver posiciones desde múltiples
posturas y, por ende, “discusiones” que se vienen dando en medio de la
comodidad de las redes sociales; posturas algunas que culpabilizan a los
estudiantes, posturas otras que bajo otro tipo de análisis reconocen en esta
situación una nueva agresión por parte de las fuerzas represivas, entre otras
muchas más.
Vivir la universidad en un lunes de luto proponían algunos, simbolizando
de alguna manera la aparente muerte de la que era victima la institución tras
lo acontecido aquél jueves; reconstruir el muro derrumbado por la tanqueta
llevando ladrillos y cemento era la postura de otros quienes ven la necesidad
de levantar el muro ya sea por razones de seguridad o por cualquier otra que
fuese. Así muchas más posiciones en torno a lo ocurrido empiezan a aparecer,
algunas de estas propositivas, otras que se quedan en el terreno de lo
analítico y otras que rayan con la criticadera.
Ahora bien, de acuerdo estamos en que la universidad está de luto -algunos
preferimos ser más concretos y decir que la universidad está en crisis- pero si
bien aceptamos esta afirmación no es precisamente porque “se nos hayan bajado
el muro”. La universidad viene sumiéndose en un prolongado “luto” hace ya
algunos años y es un “luto” que se hace cada vez más difícil de llevar con
todas las políticas que han regido lo que es la estructura y funcionalidad de
la Universidad, políticas bastante dañinas ante las que ningún “doliente” ha
querido asumir ni denunciar como una de las muchas muertes de nuestra tan
querida Universidad.
Entonces ¿es la propuesta simbólica del luto un verdadero aporte para la
construcción de universidad o es más bien la reacción espontánea que, (quizá)
sin buscarlo, logra justificar y naturalizar muchas de las políticas que tanto daño le hacen a la
universidad? Creemos que esta propuesta termina inclinándose más por el lado de
lo que consideramos como “naturalizar muchas de las políticas” dañinas que hoy
rigen la universidad, esto en la medida en que sólo somos capaces de reaccionar
cuando el problema es evidente, pero no cuando la situación amerita un análisis
profundo y riguroso que decanta en la comprensión de una crisis estructural de
la educación pública en su conjunto.[1]
En la misma medida: si bien la destrucción del muro la consideramos como
una acción bastante reprochable, queremos recordar también que aún hay una
serie de acciones igualmente reprochables realizadas por la administración ante
la cual no hemos querido declarar un “duelo pedagógico”. Y queremos recordarlas
porque creemos que un discurso (de sentido de apropiación de la universidad, en
este caso) sólo puede ser coherente en la medida en que se define, proyecta y
materializa a lo largo del tiempo, buscando dar solución a las problemáticas
que configuran las crisis estructurales. Por enumerar algunos ejemplos
recordamos la destrucción de las casetas, la trágica jornada de inscripción de
materias, la falta de pupitres… y un largo y entristecedor etcétera.
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| Tomado de Josef Koldovika |
Por otro
lado rechazamos a quienes buscan encontrar en los estudiantes a los culpables
de la caída del muro; asumir esa afirmación como cierta sería casi que entrar
en el juego mismo de los medios de comunicación a los que tanto criticamos, en
los que la problemática no presenta ningún trasfondo político sino que el
análisis se queda meramente en los acontecimientos. Tal es el caso de lo que
presentan en relación al paro: sus informes no van más allá de describir una
confrontación violenta en la que el principal culpable es quien “empieza” la
confrontación, sin si quiera realizar el más mínimo de los esfuerzos por
comunicar que tras esos acontecimientos existen unas reivindicaciones justas y
unos argumentos políticos.
El conflicto colombiano, en todos sus aspectos (político, social y
armado), es una realidad que está presente en todos los escenarios el país; su
materialización en escenarios como las universidades no puede entenderse como
la expresión espontánea de un accionar momentáneo sin una causalidad. Reconocemos
como legitimas las justas luchas de los sectores populares y sus diferentes
expresiones; así pues, ante lo ocurrido en la Universidad con la destrucción
del muro, creemos que no podemos culpabilizar a los estudiantes en busca de
condenarlos, entre otras, porque se asuma que en gran medida es más fácil
“enjuiciar” a nuestros pares (en este caso los estudiantes) y naturalizamos la
idea de que a quienes ejercen poder desde la “inalcanzable” burocracia no
podemos condenarlos porque el “gran poder” de la institucionalidad los ampara.
Creemos pues que los recientes acontecimientos no son más que la
consecuencia (una de las tantas) de una problemática más profunda a la cual
debemos identificar con rigurosidad y minucia. En esa medida exigimos que la
administración, en cabeza del rector Juan Carlos Orozco, asuma su
responsabilidad, como representante legal (más no legítimo) de la comunidad
universitaria y como garante de las condiciones dignas para los procesos
educativos, de reconstruir el muro de la universidad y presentar su vehemente
rechazo a esta nueva acción de abuso de fuerza por parte del ESMAD; además de
presentar una rendición de cuentas pública, clara y concreta frente a:
-
- El ingreso del
ESMAD en el semestre 2012-2 a las instalaciones de la UPN.
- - Los estudios
de seguridad realizados sobre las condiciones de la UPN.
- - La destrucción
de las casetas estudiantiles.
Invitamos a todos los estudiantes organizados y no
organizados a que exijamos una respuesta por parte de la administración frente
a los hechos anteriormente mencionados y otros más que afectan el desarrollo
íntegro de la UPN en relación con la comunidad, movilizándonos de manera
consciente y organizada en pro de construir universidad a partir de la
erradicación plena de la crisis estructural.
[1] Cabe aclarar que no generalizamos en
nuestra postura porque reconocemos en muchas organizaciones y estudiantes la
tarea consiente de pensar universidad en toda su complejidad.




