Colectivo Pensamiento Critico

lunes, 26 de agosto de 2013

De muros, lutos y otras reflexiones


De muros, lutos y otras reflexiones

¡Se nos bajaron el muro! dijeron múltiples voces de la comunidad universitaria tras ver el ingreso arrollador de la tanqueta del ESMAD por la “entrada” de la Cra. 11; algunas de estas voces presentes en la escena misma y otras que fueron testigo gracias a  las lamentables imágenes que circulaban por los medios virtuales. 

El pasado jueves 22 de agosto de 2013, tras varios días de enfrentamiento, se presentaron de nuevo fuertes choques entre estudiantes y escuadrones del ESMAD en las inmediaciones de la Universidad Pedagógica Nacional (UPN), enfrentamientos que se dan en el marco del Paro agrario, nacional y popular, y en apoyo a este mismo por parte de estudiantes de la UPN. En esta oportunidad resalta el lamentable hecho de la destrucción del muro de la Universidad ubicado en la Cra. 11 por parte de la tanqueta del ESMAD.

Como era de esperarse las reacciones no se demoraron mucho en aparecer, reacciones divergentes por parte de diversos miembros de la comunidad universitaria que ante lo acontecido dejaron ver posiciones desde múltiples posturas y, por ende, “discusiones” que se vienen dando en medio de la comodidad de las redes sociales; posturas algunas que culpabilizan a los estudiantes, posturas otras que bajo otro tipo de análisis reconocen en esta situación una nueva agresión por parte de las fuerzas represivas, entre otras muchas más.

Vivir la universidad en un lunes de luto proponían algunos, simbolizando de alguna manera la aparente muerte de la que era victima la institución tras lo acontecido aquél jueves; reconstruir el muro derrumbado por la tanqueta llevando ladrillos y cemento era la postura de otros quienes ven la necesidad de levantar el muro ya sea por razones de seguridad o por cualquier otra que fuese. Así muchas más posiciones en torno a lo ocurrido empiezan a aparecer, algunas de estas propositivas, otras que se quedan en el terreno de lo analítico y otras que rayan con la criticadera.

Ahora bien, de acuerdo estamos en que la universidad está de luto -algunos preferimos ser más concretos y decir que la universidad está en crisis- pero si bien aceptamos esta afirmación no es precisamente porque “se nos hayan bajado el muro”. La universidad viene sumiéndose en un prolongado “luto” hace ya algunos años y es un “luto” que se hace cada vez más difícil de llevar con todas las políticas que han regido lo que es la estructura y funcionalidad de la Universidad, políticas bastante dañinas ante las que ningún “doliente” ha querido asumir ni denunciar como una de las muchas muertes de nuestra tan querida Universidad.

Entonces ¿es la propuesta simbólica del luto un verdadero aporte para la construcción de universidad o es más bien la reacción espontánea que, (quizá) sin buscarlo, logra justificar y naturalizar muchas de las  políticas que tanto daño le hacen a la universidad? Creemos que esta propuesta termina inclinándose más por el lado de lo que consideramos como “naturalizar muchas de las políticas” dañinas que hoy rigen la universidad, esto en la medida en que sólo somos capaces de reaccionar cuando el problema es evidente, pero no cuando la situación amerita un análisis profundo y riguroso que decanta en la comprensión de una crisis estructural de la educación pública en su conjunto.[1]

En la misma medida: si bien la destrucción del muro la consideramos como una acción bastante reprochable, queremos recordar también que aún hay una serie de acciones igualmente reprochables realizadas por la administración ante la cual no hemos querido declarar un “duelo pedagógico”. Y queremos recordarlas porque creemos que un discurso (de sentido de apropiación de la universidad, en este caso) sólo puede ser coherente en la medida en que se define, proyecta y materializa a lo largo del tiempo, buscando dar solución a las problemáticas que configuran las crisis estructurales. Por enumerar algunos ejemplos recordamos la destrucción de las casetas, la trágica jornada de inscripción de materias, la falta de pupitres… y un largo y entristecedor etcétera.

Tomado de Josef Koldovika
Por otro lado rechazamos a quienes buscan encontrar en los estudiantes a los culpables de la caída del muro; asumir esa afirmación como cierta sería casi que entrar en el juego mismo de los medios de comunicación a los que tanto criticamos, en los que la problemática no presenta ningún trasfondo político sino que el análisis se queda meramente en los acontecimientos. Tal es el caso de lo que presentan en relación al paro: sus informes no van más allá de describir una confrontación violenta en la que el principal culpable es quien “empieza” la confrontación, sin si quiera realizar el más mínimo de los esfuerzos por comunicar que tras esos acontecimientos existen unas reivindicaciones justas y unos argumentos políticos.

El conflicto colombiano, en todos sus aspectos (político, social y armado), es una realidad que está presente en todos los escenarios el país; su materialización en escenarios como las universidades no puede entenderse como la expresión espontánea de un accionar momentáneo sin una causalidad. Reconocemos como legitimas las justas luchas de los sectores populares y sus diferentes expresiones; así pues, ante lo ocurrido en la Universidad con la destrucción del muro, creemos que no podemos culpabilizar a los estudiantes en busca de condenarlos, entre otras, porque se asuma que en gran medida es más fácil “enjuiciar” a nuestros pares (en este caso los estudiantes) y naturalizamos la idea de que a quienes ejercen poder desde la “inalcanzable” burocracia no podemos condenarlos porque el “gran poder” de la institucionalidad los ampara.

Creemos pues que los recientes acontecimientos no son más que la consecuencia (una de las tantas) de una problemática más profunda a la cual debemos identificar con rigurosidad y minucia. En esa medida exigimos que la administración, en cabeza del rector Juan Carlos Orozco, asuma su responsabilidad, como representante legal (más no legítimo) de la comunidad universitaria y como garante de las condiciones dignas para los procesos educativos, de reconstruir el muro de la universidad y presentar su vehemente rechazo a esta nueva acción de abuso de fuerza por parte del ESMAD; además de presentar una rendición de cuentas pública, clara y concreta frente a:
-                                   
                                      - El ingreso del ESMAD en el semestre 2012-2 a las instalaciones de la UPN.
-                                   - Los estudios de seguridad realizados sobre las condiciones de la UPN.
-                                   - La destrucción de las casetas estudiantiles.

Invitamos a todos los estudiantes organizados y no organizados a que exijamos una respuesta por parte de la administración frente a los hechos anteriormente mencionados y otros más que afectan el desarrollo íntegro de la UPN en relación con la comunidad, movilizándonos de manera consciente y organizada en pro de construir universidad a partir de la erradicación plena de la crisis estructural.




[1] Cabe aclarar que no generalizamos en nuestra postura porque reconocemos en muchas organizaciones y estudiantes la tarea consiente de pensar universidad en toda su complejidad.